Clases
populares e identidad. Sobre la
“crónica roja” en El Debate, hacia fines del siglo XIX.
Oscar ZALAZAR
Sergio ROSAS
UNCU[AD1]
I.
Introducción
Nuestro trabajo se orienta a describir algunos dispositivos de identidad presentes en la
prensa regional hacia fines del S. XIX
a partir de una nueva mirada sobre la crónica roja o noticia sensacionalista.
Afirmamos que existe un complejo proceso de construcción de las identidades
populares en la cultura mas mediática, donde intervienen dispositivos
estéticos, visibles sobre todo en el discurso sensacionalista. Estos
dispositivos estéticos pueden permitirnos suponer otros significados en los
lectores populares.
En esta comunicación pretendemos
dar cuenta de algunos de los problemas que suscitaron la discusión teórica sobre los tópicos de nuestra investigación.
El trabajo de archivo se lleva adelante y la documentación de las noticias
sensacionalistas en periódicos de la región durante el periodo elegido se encuentra
en un estado avanzado.
Un lugar especial ocupó la
reflexión epistemológica, pues desde una posición latinoamericanista,
discutimos acerca de algunos aspectos de los Estudios Culturales, sobre el
complejo problema de la identidad cultural y preguntamos por algunos aportes de la semiótica, especialmente en lo referido al problema de
la teoría de la comunicación cultural.
La tarea de registrar las noticias sensacionalistas de cuatro años del “El Debate”, un diario que apareció en
Mendoza, de 1889 a 1907. El periódico fue el órgano de la juventud liberal, de
neto corte opositor del gobierno Nacional y Provincial, dirigido por Juan de Rosas y Eduardo Teisaire; en tanto
que la edición y la administración estaba a cargo de Antonio R. Andújar. A
causa del carácter opositor del diario,
era frecuente que sus responsables fueran perseguidos y encarcelados cuando el
oficialismo consideraba que alguna noticia era ofensiva para con su gestión de
gobierno. Hemos rescatado las noticias sensacionalistas y contamos
con un corpus suficiente.
Nuestro esfuerzo inicial se
dirigió a terminar conceptualmente el sensacionalismo. Lo definimos en términos
de principio de construcción discursiva
y representación melodramática de acontecimientos sociales cotidianos. Hemos postulado
que este principio de construcción, si
bien se encuentra en los orígenes de los medios masivos modernos de
comunicación, precede a los mismos, pues ha sido desarrollado en el ámbito de
la cultura popular de occidente durante siglos, muy especialmente a partir del
XVIII.
II. Identidad, imaginario y semiótica.
El día martes 11 de marzo de
1890 se leía en las páginas de El
Debate una noticia, una de muchas por el estilo, sobre el suicidio de un
joven dependiente de una tienda de comestibles, un almacén. El empleado Néstor
Díaz le había mandado un papel a su patrón, pidiéndole licencia para ausentarse
de la casa por corto tiempo, la fatalidad se desencadenó al recibir la
contestación de que esperase, tomó un revolver que estaba en los estantes y dijo
a los parroquianos presentes, con la mayor sangre fría, según el relato del
periodista, “me voy a pegar un tiro”, y acto seguido se disparó. Saltando
algunos meses, dos para ser precisos,
el día viernes 2 de mayo de 1890 en el mismo diario, se podía leer esta
otra noticia, un poco maliciosa, un
poco picaresca, que se titulaba “En busca de su mujer” y narraba las peripecias
ocurridas en una pieza de una casa de inquilinato de la Calle Colón, vivía
hasta hace pocos días el entonces matrimonio formado por el prójimo, Juan Luna
y Simona Cipri. Según el periodista “El
marido ferviente admirador de Baco, propinaba a su cara mitad tan furibundas
palizas cuando llegaba ebrio, que ésta perdiéndole poco a poco el cariño y
aceptando los galanteos de Narciso Tejada maquinista del Ferrocarril”. Y
continua diciendo “Hace tres días que Luna tuvo que ausentarse por tres días a
San Martín y fue entonces cuando Tejada consiguió, con muy poco esfuerzo que
Simona abandonara a su marido.
Arreglado el proyecto entre los amantes,
una noche desapareció Simona llevándose en un carrito hasta el último traste
que tenía en la habitación, siguiendo viaje esa misma noche para el Rosario.
Al día siguiente, Juan Luna llega
a su casa y con gran asombro le fue notificada por la inquilina principal la
fuga de Simona, que lo había dejado en la calle, puesto que la habitación
estaba completamente desocupada.
Anoche el desdichado esposo partió
para el Rosario en busca de la prófuga, con el objeto de recuperar, aunque sea
la ropa y lo que le han llevado.”
Estas noticias tataranietas de las
crónicas amarillas actuales, relatan las amarguras y sufrimientos, los
infortunios y las vueltas del destino, relatan las pequeñas historias de dos
trabajadores. Pero también hay otras,
las que se refieren a brutales crímenes pasionales, ocurridos en castillos, con duques y condesas, en la
lejana Europa. No faltan por supuesto los casos terroríficos de antropofagia
aquí nomás en Chile, o no menos exótico
caso de una banda de falsificadores de mendigos en la imaginaria China. Noticias todos del horror, de lo
maravilloso y lo increíble. Noticias que se repiten a través de los tiempos,
pues antes de que el periódico ilustrado organizara el mercado de la opinión
pública ya circulaban entre las plazas y los mercados de la vida de provincia,
desde la colonia, con sus bestiarios en las Relaciones de Sucesos, o como lo
llamamos hoy, la literatura de cordel. ¿Cuál es el secreto de su permanencia,
por qué se vuelven a repetir, por qué pese a los años de conjuro y de lucha
contra la superstición y la ignorancia se niegan a retirarse del “mercado de
bienes simbólicos”?
El sensacionalismo
ha sido asociado al mal gusto, a la
vulgaridad, a la simplicidad y a la
ignorancia, también se ha dicho que es parte del engaño, como una extensión de la idea del engaño del clero, pero
esta vez extendido a los medios. El sensacionalismo como “opio del pueblo”.
Pero en esta respuesta hay mucho de ingenuidad o mala conciencia.
En primer término, nos preguntamos
hasta que punto, la “crónica roja” no
pretende presentarnos el mundo de las
clases populares como un mundo simplote, de bajos instintos, de brutalidades
insospechadas y de polaridades rígidas. ¿Hasta qué punto la cónica roja no
pretende ser el espejo de las clases marginadas, reforzando procesos de
descalificación social en la opinión pública?
Este es el caso de las numerosos crónicas de canibalismo y de
brutalidad, como leímos en la noticia del
2 de mayo de 1891, donde nos relataba que en “Lomas de Zamora, en un terreno
situado casi enfrente de la estación Banfield, ha descubierto la policía de la
provincia, guiada por las indicaciones de los cómplices las huellas de uno de
esos hechos monstruosos, que traspasan los límites de la comprensión humana e
inspiran un sentimiento de repulsión, mezcla de terror y repugnancia”.
Sabemos que la forma periodística
no sólo selecciona, fragmenta y presenta la realidad cotidiana, también la
escamotea o la somete a construcciones
aberrantes. Nosotros pensamos que la crónica roja actúa en una forma
ambivalente. Por una parte justifica los discursos de control y
disciplinamiento, pero al justificarlos lo hace operando una transformación
estética. Esa operación estética ya tenía una función en el romanticismo, sobre
todo pensamos en Hegel[1],
él mismo en su Estética le asignaba a la obra de arte una función moralizadora.
Pues para Hegel, la simple representación de las pasiones lleva a un cierto
grado de purificación, de catarsis, hecho que presenta la ventaja de conferir un cierto dominio sobre las
pasiones y los impulsos indisciplinados y salvajes, propios de “las clases
peligrosas de fines de siglo”.
Pero la operación es ambivalente
en cuanto nos muestra también un mundo “al revés” propio de los dispositivos
carnavalescos de las culturas populares.
A causa de esta ambigüedad, la
crónica roja da lugar a diferentes formas de recepción y lectura. Este fenómeno
se debe a la forma de producción de los discursos que se generan en los
diversos campos de significación en los que compiten formas expresivas que
derivan tanto de la cultura popular, como de aquellas consagradas por las altas
clases sociales, los circuitos académicos y la crítica canónica.
Estas consideraciones nos llevaron
a pensar al sensacionalismo como un componente de los medios que puede ser
visto como un principio de construcción y representación melodramática de
acontecimientos sociales cotidianos,
sustentándose en el imaginario
social, pero, al mismo tiempo, construyéndolo, organizando formas de identidad.
La identidad cultural es un tópico
que ha dado lugar a diferentes planteos. Frente a las cuales, como principio,
advertimos sobre la conveniencia de no
dar una respuesta esencialista a la pregunta sobre la identidad latinoamericana.
No podemos tratar la identidad como algo concreto, tangible, pasible de una
descripción precisa, política o científica. Desde nuestro punto de vista, y
para superar este verdadero obstáculo en toda indagación seria sobre el tema,
podemos retomar la sugerencia de Levi-Strauss en su libro La identidad,
cuando dice que "la identidad es una especie de lugar virtual, el cual nos
resulta indispensable para referirnos y explicarnos un cierto número de cosas,
pero que no posee, en verdad, una existencia real"[2]. Este tomar la
identidad como virtualidad tiene la ventaja de desplazar el problema de una
"descripción" del Ser a una mirada sobre los aspectos imaginarios del
problema.
Si aceptamos el carácter virtual
de la identidad, podemos entonces formular este tema en términos de una construcción simbólica que se hace en
relación con un referente como una cultura, una nación, una etnia, un color, un
género, las preferencias sexuales o los
estilos de vida. No hace falta aclarar que no es trata de un referente único y
menos verdadero. Todo esto nos indica que es ridículo hablar de una identidad
falsa, o de carencia de identidad, éstos, aunque recurrentes, son problemas
ateóricos. Si se puede decir que existe el caso de no querer asumir una identidad determinada, como cuando
algunos argentinos se afirman
culturalmente como europeos en el exilio, para diferenciarse de los
"latinoamericanos".
Para nosotros es más justo y más
correcto hablar de identidades en plural,
y de paso descartar el problema de la autenticidad por sus compromisos
conservadores y fascistas. El tomar la identidad como una construcción
simbólica, tiene la ventaja adicional de subrayar el carácter histórico de
estos dispositivos. Lo que permite indagar acerca de los artífices de esta
construcción, los diferentes grupos sociales que lo sostienen, los intereses
que ocultan y las relaciones sociales que prescriben. Además, no hay que olvidar, que el juego de la auto y hetero
imagen no es un problema únicamente teórico, sino que se juega en todo el
espacio social, se carga de connotaciones, a veces muy difícil de determinar,
estructura muchas historias de la vida cotidiana de un pueblo y no es ajena a
la conflictividad social.
Como también permite no olvidar
que es un tópico que anuda la memoria
histórica de un pueblo, con los imaginarios sociales y un inevitable conjunto
de estereotipos, por lo que se convierte en un tema típicamente
interdisciplinario.
Estos dispositivos de identidad se
dan en un rico y complejo proceso social. Es este proceso social, su
institución imaginaria y los dispositivos
culturales en el que debemos reinsertar la crónica roja.
El análisis de las significaciones
sociales imaginarias centrales no puede pensarse en una hipotética relación de
estas con un sujeto que sería portador de ellas, o las tomaría como objeto. Y
esta imposibilidad se debe a que éstas significaciones hacen posible los
procedimientos de la misma manera en que la lengua hace posible el discurso,
porque son las significaciones imaginarias sociales centrales las que hacen
posible que unos sujetos exista en cuanto sujetos y en cuanto sujetos tales.
Tampoco pueden pensarse las
significaciones imaginarias sociales a partir de su relación a unos objetos que
constituirían sus referentes puesto que el objeto viene co constituido por la
significación imaginaria social correspondiente. Es decir que la determinación
y constitución de sujetos y objetos se da el juego de lo imaginario, simbólico
y real. De ahí que los dispositivos identitarios, herramientas y discursos,
sean fundamentales para una teoría sobre la cultura latinoamericana
Conclusiones
1-
En primer término, nos
preguntamos hasta que punto la “crónica roja” se presenta en ciertas
circunstancias como espejo de clases sociales bajas o marginadas reforzando
procesos de descalificación social en
la opinión pública. La forma periodística no sólo selecciona, fragmenta y
presenta la realidad cotidiana, también la escamotea o la somete a
construcciones aberrantes. En este
sentido la crónica roja actúa en una forma ambivalente. Por una parte justifica
los discursos de control y disciplinamiento en una operación estética propia de
la función de la obra de arte asignada por el romanticismo, sobre todo en
Hegel, en su concepto de la función moralizadora del arte cuando sostiene que
la simple representación de las pasiones lleva a un cierto grado de
purificación, de catarsis “Tiene por efecto conferir un cierto dominio sobre
las pasiones y los impulsos indisciplinados y salvajes”[3], impulso propio de
las clases peligrosas de fines de siglo, pero también nos muestran un mundo “al
revés” propio de los dispositivos carnavalescos de las culturas populares. En
sí, la crónica roja da lugar a diferentes formas de recepción y lectura.
2-
Desde el punto de vista
teórico hemos señalado que la articulación entre reproducción y hegemonía no ha
sido resuelta. Tuvimos que profundizar
en este problema par entender mejor el sentido “contradictorio y ambiguo” de lo
popular como agonista y protagonista de la historia.
3-
Nos pareció importante
revisar las relaciones entre dos formaciones
sociales que se interceptan en sus actuaciones: el público y las clases
sociales. Ambos conceptos requieren ser
analizados con más detenimiento.
4-
En cuanto al universo
discursivo, objeto de nuestro análisis,
hemos señalado el dilema sin resolver, entre tradición innovación, cultura alta y cultura de masas,
cuyos términos no están claramente marcados. Se trata de un campo de tensiones
semióticas donde también se juegan relaciones de poder. Desde este horizonte de
comprensión interpretamos la crónica roja como un discurso mediático que para
su interpretación y valoración necesitamos reinsertarlo en lo que podríamos
llamar, el Universo Discursivo Contemporáneo, tal como Arturo Roig lo
define. Se trata de abordar el problema
de la crónica roja, sus mecanismos de control y subversión en el contexto de
otros discursos como la literatura
regional, los discursos éticos, los eventos impactantes, el discurso histórico
regional, las empresas periodísticas que frecuentaron el género y los
mecanismos de construcción del espacio social, En este sentido, esperamos, que
la restitución de la crónica roja en el contexto cultural regional nos
permitirá comprobar nuestras hipótesis acerca de las complejas relaciones de
construcción semiótica de las identidades de los media y las culturas populares
[1] Dice Hegel que hay que buscar la necesidad de la obra de arte en el presente del hombre, pues la obra de arte es un medio gracias al cual el hombre exterioriza lo que e: “Por medio de la obra de arte, el hombre que es su autor, intenta exteriorizar la conciencia que tiene de sí mismo”. P69. Hegel, G. Introducción a la estética. Barcelona, Península, 1971.
[2] Levi-Strauss. La identidad. Barcelona, Petrel, 1981. P332
[3] Hegel, F. Introducción a la estética. Barcelona, Península, 1971. P.52
[AD1]Licenciado en Filosofía
Profesor de
Semiología
Carrera de
Comunicación Social
Facultad de Ciencias
Políticas y Sociales
Universidad Nacional
de Cuyo